Pluma inmemorial
Publicado por Marc R. Soto en 14:18 2 comentarios Enlaces a esta entrada
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Sobre la naturaleza perversa de los objetos
“Y entonces, para mi caída final e irrevocable,
se presentó el espíritu de la perversidad”
(“El gato negro”, Edgar Allan Poe,
traducción de Julio Cortázar)
Los objetos nos rodean por doquier: en nuestras casas, en la oficina, en las calles. Allí donde miremos, un objeto nos devolverá siempre su mirada fría, indiferente, mecánica. Estamos tan acostumbrados a su presencia constante que es posible que, en realidad, nunca los hayamos visto realmente.
Nos vestimos con ellos, dormimos sobre ellos, les confiamos nuestros sueños y nuestros anhelos, los introducimos en nuestros cuerpos, en los de nuestras parejas, en los de nuestros hijos. Apenas reparamos en ellos, y sin embargo…
Sin embargo, de cuando en cuando sentimos algo al sostenerlos en nuestras manos o al detenernos más de un segundo a pensar en ellos: un cierto peso, un relámpago helado en las tripas, tan fugaz que es casi imperceptible, tan leve como el rayo de luz que, al escapar por la puerta entreabierta de un farol encendido, horada las tinieblas. Y al otro lado de esas tinieblas, tan sólo el objeto contemplándonos, ese ojo abierto y febril.
Si en ese momento, con el eco del escalofrío reverberándonos aún en las entrañas, nos detuviéramos a examinarlo, tal vez comprenderíamos que la pluma no es sólo una pluma, que el bloque de apartamentos no es sólo un bloque de apartamentos, que la grapadora que nos disponemos a utilizar para unir las hojas de un informe tiene dientes y aprovechará la menor ocasión para utilizarlos. Que, en realidad, tiene hambre y una inteligencia latente y primitiva dispuesta a ponerse en marcha en cualquier momento.
Que la cama en la que dormimos puede convertirse (y lo desea, lo desea con toda su alma) en un lecho mortuorio. Quizá no hoy, quizá mañana tampoco, pero algún día. Que una simple goma de borrar podría un lunes lluvioso por la tarde (y lo desea, qué duda cabe, porque está en su naturaleza) borrar la línea equivocada de un dibujo, luego el papel, luego la mesa, las rodillas bajo la mesa, y por fin abrir un agujero en el tejido del Universo que devorase el mundo.
¿Es absurdo pensar esto? Tal vez. Es posible que esa perversidad no habite en los propios objetos sino, como aseguraba Poe, en nosotros mismos, en nuestra mirada, siempre viciada por unos procesos mentales que no alcanzamos a comprender del todo. Pero la sensación, aún así, persiste como un zumbido debajo de todo lo que oímos, como la sombra que está en la base de cuanto vemos y que hemos aprendido a ignorar, convencidos de que se trata de nuestra propia nariz.
Bien, quizá no lo sea. Quizá merezca la pena pararnos a pensar, a mirar prescindiendo de la memoria, a ver en realidad.
Lo que sigue es un intento de hacer precisamente eso, mi intento. Usted puede intentarlo también, y estaré encantado de saber qué ha encontrado.
En tanto, recuerde:
Tal vez este blog no sea sólo un blog.
Publicado por Marc R. Soto en 12:56 5 comentarios Enlaces a esta entrada
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